La «apariencia» se expande hacia nuevas realidades: como bien sabemos, la apariencia se ha estado pintando con filtros, efectos y retoques, ahora también se pinta con palabras, algoritmos y prompts.
ChatGPT es como ese nuevo «maquillaje» que te ayuda a pulir tu imagen, corregir imperfecciones de comunicación y potenciar tu presencia online, si no tienes o no has desarrollado las habilidades comunicativas necesarias para lo que te quieras enfocar, hasta ahí maravilloso.
Pero ojo, como con cualquier maquillaje, si solo usas filtros y retoques digitales sin trabajar tu esencia, criterio y opinión fundamentada el resultado es una máscara impersonal: una imagen que se confronta con la mediocridad ante el primer roce con la realidad sin bots, como nos pasa con las fotografías de Instagram y la realidad cuando ves a esa persona.
Lo más peligroso es cuando nos escondemos detrás de la tecnología, usando estas herramientas como una pantalla para no confrontar lo que somos o sentimos.
Hablo de “expertos” que no lo son, construidos en cinco minutos con una buena redacción y un puñado de frases generadas mientras otros llevan años cultivando profundidad, ética y experiencia. ¿Cómo sabemos que es real y que no? La búsqueda de la realidad se complica aún más. El espejismo: presencia perfecta, pero vacío interior. No somos lo que decimos que somos y además, ni hemos sido nosotros los que hemos dicho lo que somos.
Y ya no hablamos de «copias» estándar sino de «falsedades genuinas» y «voces prestadas», muy bien orquestadas con la IA pero cero genuinas.
Esa dependencia “estéticotecnológica” crea una ilusión de coherencia que no se sostiene en el cuerpo, en la mirada o en la energía de quien comunica. Presencia sin peso y forma sin fondo aunque literariamente sea atractivo. Podemos disfrazar nuestro exterior, pero el interior no se disfraza.
Sabemos que la verdadera transformación viene de dentro hacia afuera, no al revés. Lo esencial no se disfraza: se encarna y se expande con fuerza si te toca la tecla adecuada: la honestidad.
La tecnología puede ser aliada, sí pero se agradece que la imagen global sea un reflejo real, no solo un retoque efímero. Una imagen sólida, auténtica y consciente no se maquilla ni se disfraza: se construye y se refleja en cada palabra, gesto y acción.
